5 efectos de retrasar tus tares clave

Posponer las cosas para otro momento es algo muy humano. Pero ¿qué pasa cuando lo que postergamos es una tarea detrás de la que hay grandes resultados y avances de verdad? La procrastinación, según la tarea que tengamos delante, puede salirnos más cara de lo que pensamos. Y muchas veces sin darnos cuenta. Procrastinar es fácil, rápido, cómodo. Y produce dos “beneficios” inmediatos ante los que es difícil resistirse: alivio por no tener que hacer esa tarea; y tiempo extra para otras cosas, seguramente más atractivas. Pero el bumerán ya está lanzado, y más temprano que tarde volverá sobre nosotros.

Si sabemos eso, ¿por qué lo hacemos? Lo que ocurre es que los efectos de la procrastinación a menudo son inapreciables. Porque posponemos tareas pequeñas o medianas. En esos casos procrastinar nos sale barato. Y eso (aquí viene la trampa) nos hace creer que podemos actuar del mismo modo con tareas de mayor calibre. Con tareas clave, con las cosas que representan el corazón de nuestro trabajo. Error monumental.

Cuando sin motivo “empujamos” una tarea clave hacia una fecha futura, desatamos una serie de efectos sobre nosotros, nuestro trabajo, y el resultado de nuestro esfuerzo:

Más trabajo acumulado: ¿crees que dentro de dos días o una semana sólo vas a tener que hacer esa tarea? ¿Crees que tus compañeros, tu jefe o tus clientes van a despejar tu agenda para que puedas hacer esa tarea? Junto a ella tendrás otras muchas cosas que también pedirán tiempo, energía y atención. ¿O es que también piensas posponerlas? Procrastinar una tarea clave supone multiplicar la carga de trabajo de otro día, que ya estará a tope. Es autosabotearte. Más ansiedad: cuando sumas una carga de trabajo (autoimpuesta) y menos tiempo para hacer todo, delante de ti tienes la receta de la ansiedad, los agobios, las prisas. Y las carreras no son buenas ni para ti ni para tus tareas. Sobre todo para aquéllas que demandan calma, concentración y esmero. Menos preparación: las tareas clave no se hacen en cinco minutos. Tampoco se improvisan. Requieren, antes de empezar, tener bien claro el objetivo, tener a mano los materiales y herramientas, haberla dividido en partes (comprenderla), y otras cosas más. Todo ello exige cierta preparación y anticipación. Cosas que no tienes cuando empujas la tarea hacia delante y además tienes otras muchas que hacer. Menos margen: las tareas y actividades clave son complejas y exigentes, y no siempre son fáciles de terminar. A veces se tuercen y plantean imprevistos y bloqueos. Cuanto menos tiempo tengas para ellas, menos margen para lidiar con lo inesperado. Un imprevisto con margen de sobra es menos imprevisto. Un imprevisto al límite de la fecha ya es una urgencia. Menos calidad: estas tareas no hay que hacerlas y ya está, sino hacerlas muy bien. Porque son el corazón de tu trabajo y demandan calidad, detalle y creatividad. A menos tiempo, más ansiedad y menos preparación, más precipitación y falta de cuidado en los detalles. Si por ejemplo quien la está esperando es un cliente o tu jefe, lo notará.

Yo sigo procrastinando. Y sobre todo ciertas tareas/actividades que no logro corregir (¡estoy en ello!). Pero lo que sí dejé de hacer para siempre fue lo de posponer tareas clave. Para mí son la columna vertebral de mi día y mi semana. ¿Cómo lo logré? Me aseguro de hacerlas nada más empezar el día, y así luego no tengo motivos para procrastinarlas.

Este es un articulo tomado de ThinkWasabi Ver fuente original

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